Escrito una tarde de primavera otoñal...
Era una tarde de sol, como todas las tardes tristes, vacias. No importa que que haya sol, no importa que no sea tarde; para mi siempre es oscuro, oscuro y triste. Me asomo a la ventana y veo el mundo que florece. Y ya no se. ¿Por que habria de importarme? El mundo florece y yo me marchito. Si no vamos a la par, es mejor no ir. Y cierro los ojos, y me reflejo en mis manos. Mis manos cansadas, cansadas de esperar, de esperar. Lentamente y con dificultad me envuelvo en un capullo pequeño, hecho de seda gastada, color anarajado perdido. Me envuelvo y me acomodo, cierro los ojos y espero. Tal vez mañana brille el sol, como hoy, pero yo no sere la misma, no sere la misma.

